Más allá de la cancha, la economía detrás de los souvenirs

Por: Paula Ganchoza, Ana Carrillo y María Jose Serrano
Las semanas previas a un torneo importante de fútbol no solo despiertan la emoción de los aficionados. En algunos rincones de Cuenca, también representan una oportunidad para quienes viven del comercio de artículos deportivos y souvenirs mientras los hinchas esperan los partidos, los vendedores preparan sus puestos y observan cómo la pasión por el fútbol se convierte en movimiento económico.

María Eugenia, propietaria de un local de artículos deportivos, conoce bien esta realidad. Desde su negocio ha visto cómo la demanda cambia cuando se acercan los mundiales o las eliminatorias. Las camisetas son los productos más solicitados, especialmente las de Ecuador, Argentina, Brasil y Portugal. A estas se suman balones y banderas que rápidamente encuentran compradores. Según comenta, durante estas temporadas las ventas aumentan considerablemente y el interés de los clientes se vuelve evidente desde los primeros días.
Sin embargo, el fenómeno no ocurre únicamente dentro de los locales establecidos. En una de las calles de la ciudad trabaja Carolina Armas, quien desde hace años mantiene su pequeño negocio de camisetas deportivas. Aunque desarrolla su actividad comercial al aire libre, asegura que nunca ha tenido inconvenientes de seguridad y que sus clientes ya la identifican como un punto fijo para adquirir prendas relacionadas con el fútbol.

Carolina explica que vende camisetas durante todo el año, pero reconoce que los torneos internacionales generan un movimiento diferente. Los aficionados buscan representar a sus selecciones favoritas y, muchas veces, son los niños quienes terminan convenciendo a sus padres de realizar la compra. En los últimos meses, además de las camisetas de Ecuador y Argentina, ella ha notado un creciente interés por camisetas de selecciones como Japón.
Más allá de las cifras de venta, estos negocios reflejan una realidad que suele pasar desapercibida. Las emociones que provoca el fútbol no se limitan a los estadios ni a quienes lo observan desde una pantalla; también sostiene pequeñas economías locales. Cada camiseta vendida, cada bandera desplegada o cada souvenir adquirido representa una forma de participación en la fiesta deportiva.
Aunque el comercio mundialista genera beneficios temporales, también evidencia la dependencia que muchos pequeños vendedores tienen de eventos de gran impacto mediático. Cuando termina la competencia, la demanda disminuye y los negocios regresan a su ritmo habitual. Aun así, comerciantes como María Eugenia y Carolina continúan apostando por un mercado impulsado por la identidad, la nostalgia y el entusiasmo de los aficionados.
La pasión futbolera demuestra que el juego va más allá de la cancha, también se vive en las calles, en los locales y en los pequeños emprendimientos que encuentran en cada torneo una oportunidad para mantenerse vigentes.




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